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29 abril 2017

CAPÍTULO EXTRA - UGLY LOVE - COLLEEN HOOVER



¡HOLA CHICAAAAASS! 
(Y chicos por si hay uno por ahí)

¿A que no adivinan quien soy?

No lo sabrán nunca.

Vengo con una noticia/regalo/sorpresa increíble. 

A menos que hayas vivido debajo de una piedra los últimos 4 años, seguro sabes quien es Colleen Hoover... y seguro sabes que tiene un libro que se llama Ugly Love que estamos esperando salga en película. Bueno, como estoy segura que sabes... te cuento que ¡NOS REGALÓ UN CAPÍTULO EXTRA DE UGLY LOVE! Así como lo lees, está mujer tan hermosa se tocó el corazón y supo que extrañabamos tanto a Miles y Tate (aunque yo extraño más a Sydney y Ryder) y decidió escribir un capítulo más de este maravilloso libro del cual tenemos una reseña, que yo hice, y que obviamente está padrísima porque yo la hice.


Sin explayarme más a como es mi costumbre, les dejo el capítulo que Colleen nos regaló traducido en español, espero les guste tanto como a mí, antes de que comenzar el capítulo, me tomé la libertad de traducir lo que escribió como "comienzo" de igual manera, así que no son mis palabras, son las de Colleen:

Traducción de Hadas de la Lectura



¡SORPRESA! ¡Una nueva escena BONUS de UGLY LOVE entre Miles y Tate! ¡Solo por diversión! Está entre el lapso antes del epilogo en la novela. Y no, no tengo noticias sobre la película más que está en pre-producción, así que mientras esperamos por noticias, pensé en compartir esta pequeña escena que no es apta para niños DE NINGUNA MANERA, okay?
Resultado de imagen para ugly love


Si aún no han leído el libro, aquí hay un link: http://amzn.to/2q2QMWa

Feliz lectura.



TATE ARCHER

Puedo escuchar el sonido de mi teléfono, pero solo a una pequeña parte de mí le interesa contestar. La parte que sabe que podría ser Miles. Él es el único que podría hacer que parara de rezar por mi muerte en este momento.

Mi turno terminó ayer a las siete de la mañana pero la enfermedad que me dio durante el turno está en su punto. Tenía una fiebre de 38 grados cuando llegue a la casa ayer y nada de lo que he hecho ha ayudado. Llegó al punto donde no podía llegar al refrigerador sin detenerme al menos 3 veces. Me rendí esta mañana y decidí que la gripe me matara.

Hasta ahora no he muerto, y mi teléfono continúa sonando, recordándome la pequeña parte de mí que me puede hacer sonreír en este infierno. Mi esposo. El hombre al que gracias a nuestros horarios irregulares este mes, no he visto.

Localizo mi celular con la punta de mis dedos. Esta como a medio metro de mí, así que lo jalo un poco y deslizo mi dedo sobre la pantalla. Trato de recordar donde está el icono del altavoz y toco la pantalla.

—¿Hola? —susurro.

—Está tan silencioso.

Me debato en responder a eso, pero no fue una pregunta. Solo tengo fuerza suficiente para responder preguntas.

—¿Nena? —Suena preocupado.

Levanto mi cabeza para que mi patética voz llegue al teléfono—. Enferma —Trato de ser directa y dulce para que él entienda—. Gripe —Tomo un respiro y mi cabeza cae de nuevo en la almohada.

—Ay, no —dice, genuinamente compresivo. Suspira en el teléfono y no tiene que traducir ese suspiro para que yo entienda. Sé que está frustrado porque no puede hacer nada por mí. Está en Maine o Florida o en un lugar lo más lejos posible  de mí en los Estados Unidos, así que no hay nada que pueda hacer por mí.

Pero, honestamente, su llamada es suficiente. Se siente tan bien escuchar su voz. Hemos estado casados por más de un año. 455 días para ser exactos. Y gracias a nuestros horarios, hemos pasado menos de 100 de esos días juntos. Lo cual es la razón por la que me aún me da vueltas la cabeza cuando llega al apartamento. Y cuando me llama. Y cuando me sonríe. Y en cualquier momento que pienso en él.

—¿Hay algo que pueda hacer?

Quiero decir: “Sí, róbate un avión y vuela de vuelta a casa y metete a la cama conmigo.” Pero en lugar de eso solo susurro—: No, solo necesito descansar.

Suspira de nuevo y dice—: No quiero mantenerte en el teléfono. Suenas muy cansada. Estoy a punto de salir y solo quería escuchar tu voz. Te amo.

—También —es todo lo que logro contestarle. Puedo escuchar que cuelga la llamada y trato de dormir de nuevo.


+++


—Tate.

Siento un trapo frio en mi frente. Y después liquido en mis labios.

—Es mejor que bebas, jovencita. Ese chico tuyo me hizo prometer que no me iría hasta que bebieras dos vasos de agua.

Cap.

Abro los ojos y él está sentado a mi lado sobre la cama, levantando mi cabeza para beber un vaso lleno de agua helada. Creo que sonrío, aliviada de verlo. Tomo un poco de agua. Trato de recostarme pero me fuerza a sentarme—. Trata de beber toda el agua. No puedo dejar que te deshidrates bajo mi cuidado.

Tomo el vaso con mis temblorosas manos.

Se pone de pie, lo que le cuesta mucho. Cojea alrededor de la habitación, gruñendo mientras levanta varias prendas de ropa.

Ropa.

Mierda. ¿Estoy vestida?

Miro hacia abajo y gracias a Dios, no estaba tan enferma y me puse una playera de Miles. Termino el vaso de agua y lo pongo en la mesita alado de la cama—. Gracias, consigo decir.

Cap asienta tirando toda la ropa sucia en el cesto—. ¿Has comido algo hoy?

Niego con la cabeza—. Con la gripe hay que comer y con la fiebre hay que dejar de comer. —Me acuesto de nuevo y me volteo. Me cubro completamente con el cobertor y rezo para que mi miseria termine.

—Vamos, Tate. Eres enfermera. Sabes que eso es solo un viejo dicho —Cap sale de la habitación para regresar unos minutos después—. Encontré unas galleas y fruta. Trata de comer aunque sea un poco —escucho que pone la charola en la mesita alado de la cama.

—Después. Lo prometo.

Hace una pequeña rabieta y dice—: Está bien. Regresaré más tarde para ver como sigues. El chico me pidió que te dijera que te hablara más tarde.

—Gracias —murmuro.

Cap se va y no como nada de lo que trajo. Solo regreso a dormir.


+++

—Tate.

Una vez más un trapo frio presionando en mi frente.

Pero esta vez se siente diferente. Y hay una mano acariciando mi cabello. Tierna y tranquilizadora y…— ¿Miles?

Un pulgar se desliza por mis labios—. Aquí estoy. Bebe algo —dice. Desliza su mano debajo de mi cuello y me levanta hacia el vaso. Cuando termino de beber, abro los ojos, justo cuando Miles me baja hacia la almohada de nuevo. Sus ojos azules están llenos de preocupación pero sus labios sonríen cuando hicimos contacto visual. En un milagro, sonrío también.

Ni siquiera le pregunto por qué está aquí o cómo o por cuánto tiempo. Solo alcanzo su mano donde acaricia mi mejilla, la agarro y la apretó.

Pasa el trapo frio en mi rostro y luego lo pone sobre la mesita alado de la cama. Se levanta y comienza a desabotonar su uniforme. Aunque estoy demasiado cansada, no dejo de mirar ni por un segundo.

Me pregunto si es real. Sé que la fiebre puede causar alucinaciones.

Se quita la camisa y luego desabrocha su cinturón, dejando que sus pantalones caigan al suelo.

Cuando mis ojos llegan a su rostro de nuevo, puedo ver el cansancio en su expresión—. ¿Has dormido algo? —pregunto.

Me sonríe tranquilizadoramente mientras se acuesta alado de mí en la cama—. Estoy a punto de dormir —susurra, deslizando un brazo debajo de mi cuello—. Estoy justo aquí si necesitas algo.

Cada músculo del cuerpo me ha dolido las últimas 24 horas, pero solo su presencia calma mi dolor. Lo suficiente para sentir un poco de paz desde que me dio esta enfermedad. Todo lo que siento son sus brazos alrededor de mí, su boca brevemente sobre la mía y su cálido aliento en mi oído cuando susurra—: Te extrañé.

Lo extrañé también.

Lo extraño todo el tiempo. Incluso cuando estoy con él.

+++

MILES ARCHER

Dobló lo último de la ropa lavada y la pongo donde va. De camino a la cocina, me detengo y le sirvo un vaso de jugo de naranja.

Cuando la llamé en la mañana, nunca la había escuchado tan enferma. Inmediatamente encontré alguien que me reemplazara, le llamé a Cap para que la cuidara hasta que yo pudiera llegar  la casa y me subí al primer avión de vuelta a Cali.

En todo el tiempo que he conocido a Tate, no la había visto tan enferma. Y hemos estado casados más de un año. 455 días para ser exacto. Dudo que Tate o yo podamos llevar la cuenta de cuantos días llevamos de casados si no fuera por el regalo que nos dio Ian en nuestra boda. Es un reloj solar que tiene la fecha de nuestra boda grabado. También lleva cuenta de los días, horas y minutos desde el momento que dijimos “Acepto”. Alega que lo compró para mí, para que nunca olvidara mi aniversario de bodas, pero el regalo no fue necesario. Es una fecha que nunca tendré problema en recordar.

Cierro la puerta de la habitación para que no entre la luz. Es casi medianoche y aunque logre que Tate comiera algo hace unas horas, su fiebre no ha bajado mucho. Lo que significa que necesita descansar.

Miro la cama y las sabanas están vacías ya que ella no está ahí. Dejo el vaso de jugo en la mesita alado de la cama y voy hacia el baño. Cuando abro la puerta, la veo de pie frente al lavabo, mojando su rostro con un paño. Está usando una de mis viejas playeras de una banda. Tiene hoyos por todas partes y probablemente ya debería haberla botado, pero no lo hago precisamente por esta razón. Se ve condenadamente sexy con ella. Nuestras miradas se encuentran en el espejo cuando camino detrás de ella, rodeando su cintura con mis brazos. Beso su hombro—. ¿Te sientes mejor?

Frunce el ceño hacia el espejo—. Me siento igual a como me veo, horrible.

Trato de ver lo que ella ve, pero no puedo. Incluso con su cabello que no ha cepillado en dos días y sus dientes que tampoco ha cepillado en el mismo tiempo. No puedo evitar la sacudida dentro de mis boxers y esconder lo que me hace cuando cree que se ve horrible. Presiono un beso en su cabeza—. ¿Quieres que te prepare un baño? A lo mejor te haga sentir mejor.

Asiente con una pequeña sonrisa—. Gracias.

Termina de lavarse el rostro y cepilla sus dientes mientras le preparo el baño. Me aseguro de que el agua no esté muy caliente y acomodo algunas toallas mientras se quita la playera. No está usando nada debajo y no puedo alejar mis ojos mientras la ayudo a meterse en la bañera. Creo que esta es la primera vez que llego y no terminamos en la cama inmediatamente. O en el sillón. O contra la pared de la cocina. O sobre la mesa. Ninguno de los dos ha encontrado la clave de la paciencia cuando estamos solos en un cuarto. Especialmente con el poco tiempo que hemos pasado juntos. No trabajo tanto como antes de que la conociera, pero definitivamente estoy lejos de ella por más tiempo del que quisiera. Y en este caso, más de lo que necesito. Amo mi trabajo, pero amo más a mi esposa, y es exactamente por eso que cambié mi horario hoy. No quiero que esté sola cuando está enferma.

Recuesta su cabeza contra la bañera y se acomoda en el agua con un suspiro—. Dios, se siente tan bien —susurra, cerrando sus ojos.

Tomo asiento en el borde de la bañera y busco un paño, mojándolo debajo del grifo—. ¿Necesitas algo?

Abre los ojos y le entrego el trapo—. ¿Podrías cambiar las sabanas de la cama? —pregunta—. Quiero sacar esos gérmenes del departamento. Lo último que necesitas es enfermarte.

Niego con la cabeza—. No, lo último que necesito es que mi esposa se preocupe porque me enferme cuando ella está tan enferma.

Paso los quince minutos que ella está en la bañera acomodando la cama y dándole medicina y luego forzándola a que beba agua helada. Cuando está lista para salir de la bañera, la ayudo y envuelvo una toalla a su alrededor. Presiona su rostro contra mi pecho y todo su cuerpo suspira contra él mío.

—No puedo creer que estés aquí —susurra. Levanta su rostro hasta que la veo, me inclino para besarla pero voltea su rostro y mis labios solo besan su mejilla—. No quiero que te enfermes.

Tomo su rostro y lo acerco al mío—. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Me tendría que quedar en la casa contigo mientras me recupero? —sonríe cuando lo digo y muevo mi boca hacía la suya—. Nunca he querido gérmenes como hoy quiero los tuyos en este momento—. Atrapo su labio inferior y la beso suavemente. Cuando me alejo sus ojos aún están cerrados. No sé si es por cansancio o por el beso, pero de cualquier manera, necesita descansar más. Me agacho y paso mis brazos por detrás de sus rodillas y la levanto sin problema—. Vamos a la cama. —Mete sus brazos  y rostro contra mi pecho mientras la llevo a la habitación. Su piel es como fuego contra la mía. Cuando la dejo en la cama, el aire frio hace contacto con las partes en donde estaba presionada contra mí, realzando el contraste entre nuestras temperaturas corporales. Apago la lámpara y me acuesto detrás de ella, tapándonos con el cobertor. Puedo escuchar y sentir su temblor y me siento inútil. No puedo hacer nada para que se sienta mejor más que envolver mis brazos a su alrededor, que es lo que hago. Además, ella sabe más que yo sobre lo que podría hacerla sentir mejor. Ella es la experta en medicina. Beso su hombro y me acomodo en su almohada, poniendo mi mano en mi muslo. He tenido gripe antes y sé lo mucho que duele el cuerpo de una persona, incluso la piel. Dudo que quiera que la toque en este momento, no importa que tanto quiero calmar su dolor.

Como si pudiera leer mi mente, toma mi mano, envolviéndola de nuevo a su alrededor—. Se siente mejor  cuando me tocas —susurra.

Susurro y presiono mi rostro a su cabello—. Estoy feliz de cumplir —digo, pasando mi mano por su estómago. Continúo pasando mi mano, manteniendo el toque en su estómago, caderas y brazo. Me está matando saber que no pasará nada ya que está recuperándose, no quiero que sepa hacia donde está yendo mi mente. Es lo último que necesita en este momento, así que trato de pensar en otra cosa que no tenga nada que ver con ella mientras duerme.

Paso los siguientes minutos repasando mi rutina de vuelo para no tener que pensar en cómo se siente su piel contra mi mano, pero no sirve de mucho. Solo el tenerla en esta cama cerca de mí hace que cada parte de mí reaccione a ella, lo cual no puede ser cómodo para ella cuando estoy detrás de ella.

Juro que mi cuerpo actúa como un adolescente en pubertad cuando estoy cerca de ella, incluso cuando llevamos más de un año de casados. Al menos aún tengo los boxers puestos. Comienzo a alejarme para dejarla dormir, pero agarra mi mano  y dice—: Quédate.

Río un poco, pero aprieto su muslo, aliviado de que ansía mi tacto tanto como yo ansío tocarla—. Está bien, pero no me hago responsable de lo que provocas en mí.

Cuando me presiono contra ella, gime, haciéndolo peor. Me obligo a pensar en otra cosa para que ella pueda dormir. Pienso en todas las cosas que odio. Vuelos retardados, cancelaciones, turbulencia, el olor rancio de un desayuno de Primera Clase en un estómago vacío, café quemado de avión.

Mis dedos están sobre su estómago y hago lo mejor para respetar el hecho de que está enferma. Su mano encuentra la mía y enlaza sus dedos con los míos—. ¿Miles? —susurra.

Presiono un beso en su oreja—. ¿Qué necesitas?

Baja mi mano unos centímetros—. Necesito dormir —dice, posicionando mi mano peligrosamente cerca del borde donde deberían estar sus pantis si no hubiera salido de la bañera hace uno minutos—. Necesito electrolitos —añade. Desenlaza nuestros dedos y pone su mano sobre la mía, deslizando mi mano entre sus piernas—. Y a ti.

El calor contra mi mano hace imposible mantener mi compostura. Naturalmente acerco mis caderas a ella y cierro los ojos con un suave gruñido—. Tate, no vamos a tener sexo en este momento. Necesito descansar…

—Por favor —susurra, abriendo sus piernas un poco más, permitiendo que mi mano quepa perfectamente entre sus muslos.

Levanto mi cabeza de la almohada y me inclino para llegar a su boca—. ¿Qué te parece si hacemos un trato? —susurro—. Tú cierras los ojos y descansas —beso la comisura de su boca— Y yo me hago cargo del resto.

Asiente con otro gemido, abriendo un poco sus ojos—. Pero bésame.

Eso sí lo puedo hacer.

Me inclino cerca de ella y la beso. Las diferentes temperaturas de nuestras bocas es como si estuvieran tirando hielo al fuego. Aún estoy detrás de ella y le está costando mucho girar su cabeza para que me pueda besar, así que se acuesta sobre su espalda, abriendo sus labios y sus piernas para mí. Deslizo mi lengua entre su boca y soy recibido con un suspiro suave. Todo de ella me vuelve loco, pero la manera en la que suspira cuando la beso es una de mis cosas favoritas. Levanta las caderas contra mi mano y le doy lo que desea, deslizando mí de dentro de ella.

Una parte de mí se siente culpable por no obligarla a descansar pero una gran parte de mí esta agradecida de que esto sea lo que ella necesita, porque nunca había experimentado esta maravillosa parte de la fiebre. Mi mano hace contacto con el intenso calor de su cuerpo y es algo que nunca había experimentado antes. Cierro los ojos y presiono la frente contra un lado de su cabeza, imaginando como sería hacerle el amor en este momento. Estar encima de ella y colocarme entre el calor de sus piernas, presionando en el calor donde mi mano se encuentra ahora explorando.

Creo que susurro la palabra “maldición” sin querer.

Tate abre sus ojos y me mira con sus labios ligeramente abiertos. Jadea en sincronía con los movimientos de mi mano. Me observa con ojos entrecerrados mientras me enfoco en su boca, esperando por el momento en el que colapse alrededor de mis dedos.

—Miles —susurra—. Hazme el amor.

Niego con la cabeza, pero toma toda mi fuerza no ponerla en posición en ese momento—. Mañana — susurro, besando su barbilla, arrastrando mis labios por su cuello. Beso su ardiente piel hasta que llego a sus pechos. Recuesto mi cabeza contra su pecho y continuo disfrutando la sensación mientras se presiona contra mi mano.

Puedo sentir el latir de su corazón contra mi mejilla mientras se estrella salvajemente contra su pecho. No está para nada relajada. Comienza a enterrar sus tobillos en el colchón mientras arquea su espalda. Sus brazos me abrazan y me aprieta, acercándome a ella. Cierro la boca sobre uno de sus pezones mientras se desmorona debajo de mí. Me deleito, absorbiendo cada gemido mientras todo pasa muy rápido. Su cansancio es evidente en su silencio, pequeños gemidos y un “te amo” susurrado salen de su boca. Espero a que se relaje y que la absorba el sueño, pero continua con sus tobillos contra el colchón mientras jala mi rostro contra el suyo. La fuerza con la que me besa me dice todo lo que necesito saber.

Eso no fue suficiente.

Jala mi brazo, queriéndome encima de ella. No tiene que jalar demasiado porque me deslizo sobre ella con facilidad. Envuelve sus piernas a mí alrededor y me pierdo completamente en el calor de su boca, el gemido deslizándose por su garganta, las manos quitándome el bóxer. Cuando me guía en su interior, me atormenta la culpa por el placer que estoy obteniendo de su fiebre. Pero nunca había sentido nada igual a lo que siento mientras entro en ella, completamente abrumado por el calor que me rodea.

—Tate.
Cuando digo su nombre, es un “gracias” y un “te amo” y un “puta madre” envuelto en una sola palabra
Lo digo otra vez.
—Tate.
Y otra vez.
—Tate.
Y otra vez.
—Tate.
Una y otra y otra vez mientras le hago el amor.
—Tate.
Atrapa su nombre con la boca presionada a la mía.
Y nos besamos.
Mientras que yo me enamora más de ella.
De su alma.
De ella.
Enamorado.

Permanezco encima de ella.
Dentro de ella.
Mucho tiempo después de terminar.
Nuestros labios aún se mueven.
Buscándonos.
Tomando.
Necesitando.
Amando.

Su último beso es suave y cansado
Mientras deja que su brazo caiga a aun lado de su cabeza.
Suspira como si yo fuera la única medicina que podría curarla.
Beso su mejilla de nuevo y me salgo de su calidez,
Cayendo sobre mi lado
Para acostarme a su lado.
Pongo una mano sobre su estomago
Y me pregunto si este es el momento
En el que ella y yo
Y nuestro amor
Creará algo incluso mejor
Que nosotros dos.

Me pregunto si esto es solo es comienzo
De más de la hermosura
Que ella ha sacado de mi dolor.

—Te amo, Miles —susurra.
Lo dice todos los días.
A veces muchas veces.
Y cada vez digo—: Te amo también.
Mientras le agradezco a Dios, no porque nos enamoramos.
Sino porque nos hizo volar.



Traducción de Hadas de la Lectura
si tomas algo, recuerda darnos el crédito.


Espero nos dejen un comentario en el blog escribiendo que les pareció el capítulo y con lo que ustedes nos quieran decir.  Por si de verdad no sabes quien es Colleen Hoover, te dejo unos links de las otras reseñas de sus libros que hemos hecho en el blog... 





12 comentarios:

  1. Eva Maria Muñoz Garcia29 de abril de 2017, 19:52

    Woww!! Me encantó, con gripe incluida. Echaba de menos a Miles...y ese momento de 'se quita el uniforme'!!! Qué ganas de ver la peli! Gracias Fanny por traducirlo y gracias a Colleen por hacernos estos regalitos! Besos

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  2. Mil gracias por la traducción, solo puedo decir q fue perfecto, la cereza del pastel para ésta maravillosa historia.

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  3. Muchas gracias por la traducción de éste capítulo. Fue lindo volver a recordar y leer sobre ésta bella historia.

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  4. DIOS ESTOY EMOCIONADA. GRACIAS CHICAS POR TRAERNOS ESTE DETALLE. QUE BELLO SABER DE MILES Y TATE. UFF!!!!

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  5. Un bonus especial muy tierno!!! Gracias por la traducción y por traernos de nuevo el recuerdo de Tate y Miles

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  6. Que lindo es!!!!....muchas gracias por traducirlo para nosotros! ❤️

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  7. Uuuffffff..... gracias Fanny por traducir, me encanta Miles, desesperada por que la película ya esté aquí

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  8. Maravilloso !!!! Mil gracias chicas por este regalito

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  9. Fannyyy!!!!! Hermosa !!! Gracias a ti por darnos la traducción !! Gracias, gracias , gracias!!! Y yo esperó que pronto veamos la peli... La quiero ya!!!... Pd... Ya te di las gracias? No? Pues GRACIAS!!

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  10. Muchas gracias por traducir el capitulo, nunca pense que un malestar de una gripa podría llevar a tantas sensaciones y emociones, que envidia jajajajaja, yo quiero que me cuiden asi...
    Xiomi Col

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  11. AAAHHH!!! Gracias!!!!, Como no amar a este hermoso hombre!!!!???, y después me pregunto porque aun sigo soltera

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